Nigeria denuncia a la farmacéutica Pfizer, famosa por haber inventado el Viagra, por el presunto uso de 200 niños enfermos de meningitis como cobayas. Estos medicamentos habían sido probados únicamente en cerdos.
El gobierno de Nigeria ha iniciado acciones legales contra la multinacional farmacéutica Pfizer, famosa en todo el mundo por ser la creadora del medicamento conocido como “Viagra”. El estado de Kano, Nigeria, acusa a Pfizer de haber administrado un medicamento que aún está en etapa de experimentación a 200 niños de ese país.
Los hechos de 1996
En abril de 1996, en medio de una epidemia de meningitis que estaba causando la muerte de numerosos niños, Pfizer intervino voluntariamente en un programa de emergencia que había lanzado la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La forma de colaboración de Pfizer habría sido, entre otras, el envío de “Trovan” y “Ceftriaxone”. Según consta en la denuncia, la compañía seleccionó a 200 niños para un tratamiento experimental basado en estos fármacos. Se suministró Trovan a 99 niños, y Ceftriaxone a otros 101. La denuncia sostiene que los medicamentos causaron la muerte de 18 niños y generaron secuelas irreversibles (malformaciones, ceguera, parálisis o daños cerebrales) a 182 más.
Cargos e indemnización
El fiscal general del estado de Kano, Barrister Aliyu Umar, ha reclamado a Pfizer el pago de 2.000 millones de euros de indemnización. La denuncia incluye 29 cargos, entre ellos los de "conducta no conforme con la ética, conspiración, ocultamiento de pruebas, simulación y homicidio de víctimas inocentes". El juicio comenzará el 4 de junio.
La respuesta de Pfizer
Desde la multinacional afirman que "Toda la información científica disponible en el momento de los hechos indicaba que el fármaco ofrecía un elevado potencial como tratamiento salvavidas ante una enfermedad mortal", aunque había una nota de la FDA publicada en 1999 donde se alertaba sobre los riesgos de toxicidad asociados al uso de Trovan.
Un patrón conocido
De comprobarse la denuncia del estado nigeriano, no sería la primera vez (y posiblemente no será la última) que una empresa multinacional elige un país tercermundista con una legislación flexible (o que carece de los medios adecuados de control) para llevar a cabo pruebas que en su país de origen le serían imposibles de realizar.